miércoles, 13 de octubre de 2010

Rescates

"Claro que si," dice con una voz casi sin entonación, quizas algo de aburrimiento "En realidad soy un millonario. Este trabajo lo hago por amor y el precio que cobro es solo para que la gente aprecie lo que hago de verdad. Si hiciera lo que hago gratis, nadie pensaría que vale la pena."
El hombre hablando de sus servicios tiene unos 50. Piensa en si mismo como alguien viejo, y siempre le ha parecido de los pocos amigos de su edad, que no aceptarlo es parte de el comportamiento ridículo que lleva a los aun más viejos a terminar comportandose como niños.
Su ropa es de un estilo más bien clásico. Piezas simples pero elegantes, aunque con algo que las hace inquietantes. Aceitosas es una palabra que se viene a la mente, sin que deje espacio para la palabra sucia.

El cliente siente como comienza a sonrojarse. Probablemente el artesano está molesto, aunque le confunde que lo que acaba de decir,facilmente interpretable como algo sarcastico tenga tantas alusiones a elementos que todos daban por sentado del artesano.
Amaba su trabajo, se decía, o a veces decían que no era tanto amor como un sentido de deber por conservar un arte que desaparecía. Que ni siquiera en sus mejores tiempos fue algo que practicara mucha gente o que se aceptara en muchos lugares. Ahora, solo en algunos circulos se sabía del artesano, y pocas veces se hablaba de el.
Se sabía tambien que era un millonario. Un millonario excentrico de esos que no tenían grandes casas ni autos, ni familia ni organizaba fiestas. Pero millonario al fin.
Pero no decir algo así con gentileza, hacía la declaración algo totalmente confuso. Sin poder pensar en algo mejor, le preguntó al artesano si hablaba en serio.

"Por supuesto que no." dijo con una voz más cercana a la alegria. "Este no es un trabajo de caridad. Esto es arte y lujo, uno de los movientos más inutiles en una vida. Por que piensas que tanto necesitas esto que te lleva a pedirlo cuando es evidente que no lo vas a conseguir".

"Era el deseo de mi hermano" Dijo el cliente casicon lagrimas en los ojos.
"¿Menor?" El cliente asintió.
"Nunca entendípor que tanta gente pone más esfuerzo en cumplir las promesas a la gente que menos puede importarle que se cumplan." Dijo el artesano. "En fin, la respuesta es no. Sin pago, no hay trabajo."

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